Más de alguna vez me han escuchado despotricar en contra del estilo princesitaniñitabien. Que es fome, que es anticuado, que no es cool, que pitos y flautas.
Pues bien, el fin de semana fui al Apumanque en busca de géneros para la ya anunciada temporada estival (con el gentil auspicio de mamá y papá), con la idea de comprar algo bien colorido y alegre. Ya que el Apumanque está bien lejos de ser el lugar para ir a comprar géneros, no había mucho para elegir, pero logré dar con unos algodones elasticados bien chillones que eran exactamente lo que buscaba. Y estaba a punto de darme por satisfecha cuando veo unas letras grandes de OFERTA que apuntaban a un poli/rayon que cualquier otro día habría pasado por alto. Pero algo me dijo que no, que lo mirara y lo considerara. Lo hice y, en un acto de locura, lo compré. Uno rosado claro y uno verde ídem.
De vuelta en la casa y con algo de cargo de conciencia, me dediqué a buscar algún molde apropiado. No me costó mucho encontrar el epítome del vestido domingoderesurrecciónprimeracomunión, y en mi segundo acto de locura del día, también lo compré.
Después de eso no me quedaba otra que fabricar tan insólita prenda (insólita para mis estándares, claro está). Y así, en mi tercer y último acto de locura del día, lo cosí. Debo admitir que este último episodio de delirio tardó dos días y medio. Y aguanté de lo más bien.
No voy a negarlo. El vestido me encantó. Tiene una caída preciosa (¡horror! jamás creí que alguna vez usaría esa expresión) y me hizo dar saltitos de alegría cuando lo terminé.
Para mi tranquilidad, el próximo proyecto que tengo en mente es una polera de tiritas medio playera y bien informal. He vuelto a ser la de antes.
Y no, no hay fotos del proceso. El estado de trance por el que pasé me impidió pensar siquiera en tomar la cámara para registrarlo.





































